Cuando hablamos de infraestructura hidráulica, como alcantarillas, canalizaciones o defensas existe un mensaje erróneo que solemos escuchar: la idea de que una obra nos protegerá de las inundaciones de manera definitiva. Sin embargo, como ingenieros debemos ser claros: la infraestructura no es una garantía absoluta, sino una herramienta estratégica para gestionar el riesgo. Y gestionar el riesgo no significa eliminarlo, porque el riesgo cero sencillamente no existe.

La ecuación del diseño: Inversión en prevención vs. Costo de los daños
En el diseño hidráulico, los ingenieros traducimos esta gestión de riesgos a través de los llamados “períodos de retorno”. Diseñar una obra para un evento de 100 años no garantiza que no habrá inundaciones en ese siglo, sino que existe un 1% de probabilidad anual de que ocurra una crecida de esa magnitud.
Aquí es donde la ingeniería se encuentra con la visión de negocios. A mayor nivel de protección, mayor será la inversión necesaria para construir y mantener la obra. Pero, al mismo tiempo, esa gran protección reduce el costo esperado de los daños provocados por el agua. La intención de todo buen diseño es encontrar ese “punto óptimo” financiero. Buscamos el equilibrio exacto donde la ecuación del costo total esperado (la suma del costo de la protección más el costo de las pérdidas posibles) alcance su valor mínimo.

Planificar para el exceso: ¿Qué pasa cuando el agua nos supera?
Para ilustrar esto, recuerdo una anécdota reciente. Me consultaron por un estudio de inundabilidad para una pequeña cañada que atravesaba una ruta nacional, exigiendo un análisis para un período de retorno de 100 años. De forma casi intuitiva, les advertí que con una crecida de esa magnitud, el agua irremediablemente pasaría por arriba de la ruta. Días más tarde, el modelado técnico confirmó que la alcantarilla existente no sería suficiente para conducir semejante caudal pluvial.
Esto nos deja una lección fundamental a la hora de proyectar. Cuando diseñamos una infraestructura, no alcanza con conocer su capacidad límite; debemos preguntarnos qué camino tomará el agua cuando ese nivel sea superado. Nuestro objetivo estratégico es que, cuando el diseño sea excedido, el evento ocurra de una manera controlada y previsible, minimizando siempre los daños operativos.
Al final del día, la pregunta correcta para cualquier proyecto no debería ser cuánto cuesta protegernos de una inundación, sino cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir y cuánto decidimos invertir inteligentemente para reducirlo.



